Domaine Trapet Marsannay 2018.
Puntuación El Alma del Vino : 18’50/20.
Para acercarse a un vino Marsannay, como a tantos otros, lo primero que debe hacerse es localizar a qué zona de Francia nos referimos. Hablamos de la Côte-d'Or, en el distrito de Dijon. Es verdad que es una pequeña denominación, solo doscientas veinte hectáreas, que ha pasado a la historia por sus rosados espectaculares. Pero la Pinot Noir tiene su leyenda como base de sutiles y muy expresivos vinos tintos y Domaine Trapet, dominio localizado en Gevrey-Chambertin, logra con esta referencia un punto sublime y muy expresivo. Fruta madre que nace del ciclo vegetativo de viñas localizadas en la parcelas Grasses Têtes y Grand Poirier, con asiento en suelos de composición arcillo calcárea. Influencia climática continental con vinculación a los efectos del Ródano, el macizo de los Vosgos y la Gironda. Tras la cosecha del fruto, se procede en bodega Después de la vendimia, el proceso de despalillado afecta solo al treinta por ciento de la uva. La fermentación se lleva a buen término en cubas y huevos de cemento. Después, el vino envejece en barricas de madera de varios usos, durante dieciséis meses. Cromatismo púrpura de buena intensidad, evocando en la cercanía aromática nostalgias de cerezas, flores rojas y violetas, con guiño balsámico, herbales, viendo que en mi agenda apunté también gestos de breakfast tea. La entrada y el paso por boca y paladar esgrime elegancia, suavidad, intensidad frutal y una seña de acidez que imprime viveza. Seguirá muy altivo por unos años. Sabrosa y sutil persistencia. El enólogo de la bodega borgoñona, Jean-Louis Trapet, lo tiene claro: “El vino es una de las cosas más civilizadas que existen. En mi calidad de viticultor, el camino del respeto, me permite avanzar hacia el máximo grado de expresión de mis suelos”. Una buena edición de añada, civilizada y amable con el apacible, aunque también exigente bebedor.

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