Bodegas Muga Prado Enea Gran Reserva 2015.
Puntuación El Alma del Vino : 19/20.
La añada 2015 en lo que respecta a la denominación de origen Rioja fue en los vinos tintos de aromaterapia, elegancia, equilibrio y estructura. Caracteres todos ellos que facultaban la posibilidad de los vinos de guarda, y sin duda y por ello los grandes reservas, esa categoría que si a una denominación le ha dado brillo en la geografía española, es Rioja. Ni más, ni menos. Prado Enea es santo y seña en este capítulo. Muga mece la cuna. Fue en diciembre del año 2022 cuando caté y degusté esta referencia de la que hoy escribo en mi cuaderno de bitácora, echando mano de algunos apuntes de mi agenda. Aparece destacado en ella, enmarcado diría yo, un aspecto concreto : taninos muy elegantes, terciopelo en boca. Fruta madre de las variedades Tempranillo, mayoritaria, con soportes complementarios de Graciano, Garnacha Tinta y Mazuelo. Son racimos originados en parcelas ubicadas a una altitud de quinientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, en los términos municipales de Sajazarra, Cellorigo y Fonzaleche y en suelos de componente arcillo calcáreo con presencia aluvial. Influencia climatológica que a lo largo y ancho del ciclo vegetativo de la vid se compone de la trilogía mediterránea, atlántica y continental. Vinificación que, tras la vendimia manual, como es costumbre en Muga y para su Prado Enea, la última de todas en la propiedad, incluye fermentación en tanques de madera de roble, sin añadido de levaduras. Maceración y seguido un periodo de maduración de treinta y seis meses, empleando barricas de madera de roble francés y americano. Como también es santo y seña en esta icónica bodega del Barrio de la Estación de Haro, tras el tiempo de maduración, se procede con un clarificado usando claras de huevos frescos, antes de embotellar. Treinta y seis meses adicionales como afinado final antes de su salida al mercado. La condición, la enjundia y el empaque frutal queda afirmada en el gusto y el olfato, tras el descorche y servicio en copa, pleno en pulpa y concentración, tanicidad marcada, fundente y golosa, muy elegante, pasa y se despliega con orgullo, clase y distinción, haciendo bueno el blasón de “vinos finos de Rioja”. Alcance, llegada, brillando en el espacio y los tiempos de la cata, punto justo de envolvencia, atractiva acidez, equilibrio y volumen. Hasta coreográfico, diría yo. En cuanto a positivo, personalidad poliédrica. Cargado de matices, redondez. Tapizado rojo picota con reflejos púrpura y graba, nariz que promulga nostalgias de fruta negra en sazón, balsámicos y finos especiados, guiño ligero que me recuerda a panadería, aroma mineral, carbonato. Una edición de vendimia, espectacular.

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