Bodegas Peique Rosado 2016.
Puntuación El Alma del Vino : 17/20.
Congratula catar y degustar un vino rosado fuera de añada y comprobar que mantiene su viveza, su cromatismo y un estado de forma sensacional. Me sucedió el otro día con este Peique berciano, en edición de añada 2016, descorchado cuando en teoría en el presente sería más congruente dar luz a una botella de la edición de vendimia 2017. En este mundo de la vinicultura, no siempre es bueno realizar juicios de valor a botella cerrada.
La mencía siempre dando satisfacciones.
Los Peique llevan en la sangre taninos y antocianos, con el padre Luis y sus tres hijos Mar, Luis y Jorge, repartidos por la bodega ejerciendo sus roles, bien repartidos, con el campo para el segundo de ellos que lo gestiona con eficacia, Mar moviendo las cuerdas de la gestión como buena conocedora del proceso que supone dirigir un negocio familiar de esta índole, y Jorge en su papel de enólogo, sabiendo de sobra que una bodega y su viñedo son más que un simple negocio, una forma de vida.
Este vino rosado se elabora con fruta de la casta mencía, procedente de viñas que acreditan una antigüedad de entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años, localizadas a una altitud de entre cuatrocientos cincuenta y quinientos ochenta metros sobre el nivel del mar.
Vinificado mediante el método de sangrado, cumple la fermentación en depósitos de acero inoxidable, donde permanece en contacto con sus lías por un periodo de entre cuatro y cinco meses.
Descorche y servicio en copa parada que dejan paso a un cromatismo brillante y limpio, con tonalidades rosas de influencia grosella, incipientes reflejos coralinos. La nariz recibe en la proximidad aromática recuerdos de cerezas y manzana royal gala, ciruelas rojas y fruto de la granada, guiños cítricos en segunda instancia, enfoque balsámico en el centro del perfume, fragancia equilibrada y consistente. La boca arranca con frescura y buen lineal de acidez, medio untuoso en el paso, longitud y persistencia. Sapidez y los cítricos dando empaque al vino.
La fase retronasal evoca nostalgias de fruta roja madura, sensaciones cítricas certeras y algún tono anisado suave que conduce hacia escenarios de mousse y cremosidad.
Un vino en edición de añada estupenda, bien mantenida.

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