Bodegas Riojanas Monte Real Blanco Fermentado en Barrica Añada 2016.
Puntuación El Alma del Vino : 17/20.
Viura y malvasía forman la dupla de varietales que dan vida a este vino blanco fermentado en barrica que he catado en su edición de añada 2016, un agradable y frutal paseo por la vitivinicultura de Rioja, que sin duda alguna aporta las credenciales del prototipo de vino acreditativo de esa condición, con el roble marcado sin nublar la presencia de la fruta.
Legado del enólogo francés Gabriel Larrendat que en la década de los años treinta ocupó puesto de elaborador en esta bodega de Cenicero y que dio nombre a una marca dentro de este dominio, apelando al viñedo Monte y añadiendo el calificativo Real, en la actualidad no es ya un vino de finca y sin embargo sigue manteniendo una parte del origen de la fruta que le da luz en ese terreno de plantación propiedad de la bodega.
Bajo los criterios del enólogo Pablo Orio, recientemente incorporado al equipo profesional de Bodegas Muga,estamos delante de un vino en vivaz añada, equilibrado, honesto, procedente, tras la vendimia, de un proceso de elaboración que incluye un fermentado natural en barricas de madera nueva de roble americano, con permanencia sobre lías durante un periodo de cuatro meses, realizando removidos diarios. Tras el descorche y primer servicio en copa apunta un cromatismo amarillo intenso con reflejos pajizos e incipientes a la par que suaves destellos dotados, limpio y brillante. Nariz con nostalgias de fruta blanca y cítrica, bien encaramada en lo alto de la fragancia, con segundo plano que enfila un camino floral, balsámicos en el centro del perfume, membrillo y cremas procedentes de la influencia de la madera. Recuerdos aromáticos de mantequilla francesa, heno y bergamota. La boca luce amplia desde el inicio, con un buen lineal de acidez, finas sensaciones glicéricas no desplegadas en exceso, untuoso en su avance, persistente y amable. La frescura supera con creces ese punto de untuosidad que le aporta una base de empaque y consistencia. Tiene los registros de la fruta madre bien planteados, con un goloso guiño apacible y complementario. La retronasal abunda en memorias de pera, membrillo, manzana y almíbares, adapta en segundo plano un matiz floral y silvestre y desarrolla a partir del centro de su expresión matices cremosos, hinojo y cereal. Sabroso y con cierto guiño final de salinidad.

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