Château Magrez Fombrauge Blanc 2015.
Puntuación El Alma del Vino : 17/20.
Sauvignon blanc, sémillon y sauvignon gris forman la comunión varietal de castas que dan vida a este vino blanco bordelés que bajo la batuta de Michel Rolland y con la enseña de Magrez Fombrauge se ofrece en el mercado buscando plasmar la identidad de esta zona vitivinícola de Francia.
Fermentación parcial en barricas de madera nueva de roble francés y en huevos de cemento, con un periodo posterior de permanencia sobre lías de entre ocho y diez meses.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo intenso y brillante, reflejos dorados, nariz que ilumina recuerdos de fruta cítrica ligera, alguna ciruela claudia y membrillo, flores blancas y amarillas en segundo plano con anisados balsámicos y guiños silvestres, fondo cremoso.
La boca abre con buen despliegue de acidez, hay frescura en el paso, estructura y equilibrio.
Mantiene viva la esencia de la fruta, con un recorrido abierto y amable.
Persistencia en clave media alta, con la retronasal que firma evocaciones de fruta blanca y cítricos, sensaciones florales y silvestres que se unen a un eje balsámico y que desembocan en un epílogo untuoso que traduce guiños de mantequilla francesa, fina y adaptada al predominio frutal.
Fermentación parcial en barricas de madera nueva de roble francés y en huevos de cemento, con un periodo posterior de permanencia sobre lías de entre ocho y diez meses.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo intenso y brillante, reflejos dorados, nariz que ilumina recuerdos de fruta cítrica ligera, alguna ciruela claudia y membrillo, flores blancas y amarillas en segundo plano con anisados balsámicos y guiños silvestres, fondo cremoso.
La boca abre con buen despliegue de acidez, hay frescura en el paso, estructura y equilibrio.
Mantiene viva la esencia de la fruta, con un recorrido abierto y amable.
Persistencia en clave media alta, con la retronasal que firma evocaciones de fruta blanca y cítricos, sensaciones florales y silvestres que se unen a un eje balsámico y que desembocan en un epílogo untuoso que traduce guiños de mantequilla francesa, fina y adaptada al predominio frutal.

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