Bodegas Tierra Tierra Fidel Tinto 2019.
Puntuación El Alma del Vino : 19/20.
Vino tinto amparado en una conjunción varietal paritaria de uvas de las castas Garnacha Tinta y Graciano, con origen en los parajes ubicados en la zona de Labastida, mencionados como Viña Espilver y Viña El Convento, con una antigüedad cercana a los cuarenta años. En el caso de la Garnacha, las cepas se asientan en suelos de componente arcilloso, las viñas de Graciano en tierra calcárea. Influencia climática con fusión atlántica y mediterránea. Tras la cosecha manual de la fruta madre, ya en bodega se inicia el proceso de vinificación con un despalillado y sangrado posterior. La fermentación alcohólica y maloláctica se llevan a buen término en tino de roble americano, procediendo con una maduración final durante un período de dos años en barricas nuevas de quinientos litros de madera de roble americano. Carlos Fernández Gómez, desde su dominio vitivinícola, ubicado en el antiguo barrio judío del municipio de Labastida, elabora vinos con brújula hacia el norte, amplios, con personalidad y músculo, identitarios y expresivos. “Nos falta tener un orgullo por lo nuestro. Creo que no hemos sabido, en general, valorar lo que tenemos”. De este modo se expresaba Carlos en una entrevista de finales del año dos mil veintitrés. Y no le falta razón. Las comparativas son odiosas, pero referencias como la presente, tras cata y degustación, demuestran que hay bodegas en nuestro entorno que merecen mayor consideración, dentro de unos cauces indudables de singularidad y calidad. Tras descorche y primer servicio en copa, percibo un cromatismo rojo picota intenso con reflejos purpúreos, nariz que amanece intensa, nostalgias de fruta negra en sazón, balsámicos y guiños silvestres, ahumados finos, bombón inglés y grafito en el perímetro. Un Riley Ben King en versión vinica, solos basados en fluidas cuerdas, brillantes vibratos, dinámico en boca, jugoso, con óptima gestión de los tiempos en su avance y prolongación, rollizo y sabroso. Equilibrio, volumen y estructura. Taninos golosos, pulidos, buena clave de persistencia y en la vía retronasal junto al protagonismo de arándanos, moras y regaliz, un notable efecto de sabroso y contributivo amargor, mineral. Un vino con envolvencia y nervio, de esos que yo suelo calificar como ducha de fruta.

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