Finca Villacreces Añada 2015.
Puntuación El Alma del Vino : 17’50/20.
Bajo los parámetros profesionales del enólogo Lluís Laso y mediando los trabajos de campo de Javier Vicente, la bodega Finca Villacreces, perteneciente al grupo Artevino, defiende en el mercado esta referencia que en su edición de añada 2015 he podido catar y degustar hace pocos días. Base mayoritaria de la casta tempranillo, en torno al ochenta y seis porcentual, con aportes complementarios de cabernet sauvignon y merlot. Selección de fruta, procedente esta de parcelas con bajos rendimientos, localizadas en el término municipal de Quintanilla de Onésimo y cuyas viñas fueron plantadas en el año 1980. Es un paisaje de orografía llana, enclavado a una altitud de setecientos diez metros sobre el nivel del mar, con una exposición norte sur y suelos de composición arenosa, gravosa y en menor medida arcillosa. Las viñas cumplen su ciclo vegetativo influenciadas por una climatología continental y atlántica de menor raigambre. El cultivo se lleva a cabo con métodos de agricultura ecológica, manteniendo una cubierta vegetal a pie de viña.
Cosecha manual y doble selección en mesa, durante la recepción de las uvas en bodega, con despalillado y fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura, posterior maloláctica que tiene lugar en tinas de madera y barricas de madera de roble francés. Madura durante catorce meses en barricas de madera francesa nueva y de grano fino, procedentes de las prestigiosas tonelerías Darnajou y Taransaud. Como paso previo al embotellado se realiza una filtración suave.
Descorche y servicio en copa, exhibiendo un cromatismo picota intenso, con reflejos púrpura y grana, estética limpia y brillante, deslizando en la proximidad aromática nostalgias de fruta negra en sazón, centro de fragancia balsámico, ligeros apuntes especiados dulces y un fondo tostado, como seña del roble francés que le da cobertura durante la maduración. No me resulta muy complejo en el perfume, al menos sin excesos aparentes, lo que da a la fruta madre principal protagonismo dentro de una sensación amplia de frescura y buenos guiños balsámicos. Limpieza aromática desde el inicio. Arranca en boca sustancioso, con buen lineal de acidez, paso longitudinal con la fruta ejerciendo de mascarón de proa. Volumen de medio alto tono, largo y prolongado, sapidez. Es un vino con estructura, con los taninos maduros y golosos, emergiendo en la vía retronasal recuerdos de moras y ciruelas negras, guiños de regaliz, caramelo y granos de café tostados.

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