Tentenublo Wines Los Corrillos Tinto 2015.
Puntuación El Alma del Vino : 18/20.
Tuve la suerte de conocer el proyecto Tentenublo desde sus inicios aprendiendo de Roberto Oliván, su mentor, no sólo el sentido del repicar de las campanas de las iglesias rurales cuando se aproximaba el granizo buscando ahuyentar las tormentas, si lluvia traes ven para acá, si piedra, vete para allá. El legendario toque de tentenublo que da nombre a su historia personal de viñas, terrenos y bodega se vio acompañado por un paseo por el viñedo, con el barro de aquella época del año por montera, descubriendo viñas singulares, en lo que para él era un indiscutible motivo de orgullo. Su momento de anfitrión finalizó en el espacio que había habilitado para elaborar, en la misma entrada del municipio de Laguardia, en la zona alavesa de la denominación de origen Rioja.
Un proyecto que fue ampliándose y de cuyo éxito me alegré, porque da gusto ver progresar a jóvenes vitivinicultores que gozan de pocas ayudas públicas y que van sacando la idea con esfuerzo y tesón personales. Pensará Roberto que me había olvidado de su repique de campanas y sin embargo no sabe que he ido siguiendo su evolución en todos estos años. Hasta llegar a hoy, día en el que traigo al blog esta referencia, un vino tinto apodado Los Corrillos, en edición de añada 2015. El nombre como siempre, en el caso de las referencias de este joven viticultor y elaborador, no es baladí. La identidad a pie de viña es importante para Oliván, por eso en sus múltiples visitas y estancias de labor en el viñedo, decidió seleccionar pequeños corrillos, grupos de cepas, dispersos, para elaborar un vino que reflejará su visión individualizada de cada palmo de terreno plantado. Y a partir de esa idea, con uvas de tempranillo, garnacha y graciano procedentes de viñas de vaso alto que acreditan una antigüedad de entre setenta y cien años, asentadas en suelos con orografía en replano y composición marga arenisca y en laderas con marga caliza, cristalizó la idea. Influencia de climatología atlántica durante el ciclo vegetativo, vendimiando en modo manual y procediendo a un fermentado espontáneo que se desarrolla en tinas dejando los racimos enteros. En la maduración, Oliván utiliza barricas de madera de roble de segundo vino, prolongando la crianza durante ocho meses sin realizar trasiegas.
Tras el descorche y servicio en copa, asoman tonalidades picota intensas, limpio, con reflejos púrpura y grana, desplegando en la cercanía aromática evocaciones de fruta negra y en menor medida roja, en sazón, suavidad cítrica en segunda instancia, con fondo balsámico y un leve tono tostado que acompaña a la fruta desde lejos. Según el vino permanece en copa y van pasando los minutos, amplifica su memoria frutal, con más intensidad en la fragancia. La boca arranca suave, con sutileza, enseña un registro sabroso de acidez, desplegando frescura y una cierta sensación media grasa en el paso. No es cálido pero sí evidencia un guiño de calidez, con buen sentido en la estructura. Detrás de esa ligereza se esconde una buena condición frutal, con empaque, prolongado y persistente. Taninos golosos y maduros, bien definidos. La retronasal relata memorias de moras y ciruelas negras, gesto cítrico en clave de confitura, regaliz balsámico, pan tostado y en menor medida, guiños herbales muy amables.

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