La Ermita Cantabria Cocido Montañés.
Puntuación El Alma del Vino : 9/10.
Cuentan las crónicas que el cocido montañés surgió allá por el siglo diecisiete cuando a alguien de la zona del muy cántabro Valle de Cabuérniga se le ocurrió juntar los ingredientes precisos y necesarios para combatir el frío, a través de los fogones. Nunca sabremos si esa fue la época ni tan siquiera la identidad de quienes pergeñaron la propuesta culinaria. Lo realmente relevante es que este plato de cuchara ha llegado vivo al presente y que mujeres como Amparo Salmón García de Salmones, hija de la localidad de Villanueva de la Peña, perteneciente al municipio de Mazcuerras, emplazados en la comarca del Saja-Nansa, se empeñan con gusto y buena materia prima, en acercarnos la identidad de una representación gastronómica, trazada con respeto y mimo. En escena, tras la apertura del tarro de cristal y servicio en plato, distingo la celebrable presencia de blanca alubia de riñón, sabrosa textura, el compango tradicional procedente del tradicional matacíu del chon, chorizo, tocino, panceta y morcilla de arroz, en buena proporción, la berza de asa de cántaro, también utilizada en el caldo gallego y el pote asturiano, indispensable en la elaboración de un cocido montañés que presuma de serlo, además de zanahoria, patata, ajo, pimentón, cebolla, sal y aceite de oliva. La Ermita de Cantabria, empresa dirigida por Amparo y sus hermanos, elabora este suculento cocido montañés sin gluten, en diferentes formatos y sin aditivos ni conservantes. Les aseguro que mi paladar da fe de ello. Saquen la cuchara, la propuesta lo exige. Y prepárense para disfrutar.

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