Pastéis de Belém.
Puntuación El Alma del Vino : 10/10.
Según mis recuerdos viajeros son tres las ocasiones que he visitado Lisboa. Por motivos diferentes, mis pasos terminaron siempre en un coqueto y siempre frecuentado establecimiento localizado ente los números ochenta y cuatro y noventa y dos de la rúa de Belém, muy cercano a la estación de Rossio. Un lugar emblemático, símbolo de la orfebrería confitera lisboeta, cuyos pastéis de nata han dado la vuelta al mundo. Las crónicas relatan que las elaboraciones iniciales de estos bocados de placer se realizaron en el también cercano Mosteiro dos Jerónimos, y que tras el cierre del mismo debido a la revolución liberal portuguesa del año mil ochocientos veinte, la receta fue vendida por el obrador a Domingos Rafael Alves, dueño de una refinería de azúcar de caña, quien inició su propagación popular en mil ochocientos treinta y siete, fecha que hoy en día sigue exhibiéndose con orgullo en el toldo azul del establecimiento y en la paquetería oficial. Yema de huevo y hojaldre dan estructura a un recreo de texturas y sabor, crujiente exterior y cremosa esencia interior, equilibrio goloso y complemento de leche y azúcar para el corazón del pastel. Se elaboran a puerta cerrada, en el denominado taller del secreto, apetitoso sigilo compartido sin dar pistas para gozo y disfrute de sus seguidores, entre los cuales me encuentro. Magníficos, imprescindibles.


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