Embotits Obach Butifarra de Huevo.
Puntuación El Alma del Vino : 9/10.
El jueves lardero, también mencionado con el calificativo graso, tiene en Catalunya una protagonista estelar, la botifarra de huevo. Algo que ya casi no es costumbre, sino más allá, un gesto espontáneo, premeditado y alevoso, un punto de costumbrismo culinario que adorna los hogares catalanes como los canelones el día de San Esteban. Los Obach llevan décadas elaborando embutidos en el Alto Urgell, localizados en el término municipal de Organyà. A finales del siglo diecinueve nos encontramos en Sant Llorenç de Morunys, comarca de Solsonés, con el primer miembro de la familia documentado por ser obrador de una espléndida longaniza. Al inicio del siglo veinte, la actividad se mueve hasta La Pobla de Segur, comarca de Pallars Jussá, donde Sebastià Obach i Ferrer y su hijo Damià Obach i Pujol continúan con el legado cansalader. En el año mil novecientos quince y gracias a la visión e intuición de Damiá, el obrador se desplaza a Organyá, ubicación que por sus condiciones climatológicas resulta de su agrado, ya que entiende que es un lugar idóneo para lograr las características óptimas de curación del embutido. Llegada la guerra civil, a la siguiente generación familiar, encabezada por el matrimonio formado por Josep Obach y Pepita Oller, como a muchos españoles y españolas, se le plantean serias dificultades, entre otras la ocupación del espacio obrador por parte del ejército. Pero la capacidad laboral infatigable de ambos logra sacar adelante el negocio familiar. Llega luego el tiempo de Sebastiá y con esa etapa el despegue definitivo que hoy en día mantiene con pulso firme Eduard Obach. Y en esa dirección, esta referencia, la secular butifarra de huevo de Embotits Obach, defendiendo la calidad y condición de la materia prima, el bocado no engaña. Carnes de cerdo de primera, morro, huevos, ajo y perejil, y el pertinente hervido en perol a fuego lento. Cromática amarilla exterior, ligero granulado en la textura, golosa y untuosa, magra y grasa, de sabor pronunciado, con el toque del huevo que le aporta suavidad y un empaque pingüe muy equilibrado. Un embutido carnavalesco que Obach plasma con maestría y respeto a la tradición y a la buena naturaleza de los pequeños detalles.


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